jueves, 26 de febrero de 2015

Homenaje a la máxima expresión de amor y fidelidad



Homenaje a la máxima expresión de amor y fidelidad 

LOBBITTO 





Hoy recordé a uno de mis más fieles amigos peludos, mi LOBBITO, un perrito de raza indefinida, un “chuscoker” como acostumbraba decirle porque tenía un poco de lobo, de siberiano y no sé de cuántas razas más; era el animalito más tierno y obediente que alguna vez conocí; él sabía cuándo ladrar, cuando estar calladito, cuando estar quieto, cuando caminar; nos conocía hasta en el más mínimo detalle… Hoy, recordándolo, daría cualquier cosa por tenerlo a mi lado otra vez, lo adoptaría cuantas veces fuera necesario a mi hermoso BB peludo. Tenemos en casa cuatro peludos adoptados, cada uno con una historia diferente, todos hermosos pero a mi LOBBITTO nadie podrá reemplazarlo; yo sé y tengo entendido que cada uno de nuestros fieles amigos peludos, para todos nosotros, son increíbles e irremplazables, es por eso que hoy, de alguna manera y a través de su recuerdo, quiero rendir este homenaje y, a la vez, este tributo a ellos, nuestros enanos peludos porque sus sentimientos de fidelidad hacia nosotros son únicos. Estoy muy segura que más de uno de ellos daría la vida por nosotros. Quiero también aprovechar la ocasión para mencionarles 07 de las mejores historias contadas de perritos fieles que, incluso, fueron a acompañar hasta la tumba a sus amos, por el gran amor que sentían por ellos con la esperanza de que algún día volvieran a su lado.

Bobby Edimburgo





Bobby era el terrier de un policía de la ciudad de Edimburgo llamado John Gray. Ambos estaban siempre juntos y ya era famosa en la zona la cantidad de trucos que Bobby sabía realizar. Desafortunadamente, un 15 de Febrero de 1858, Gray muere de una tuberculosis repentina. Durante el funeral Bobby permanecería siempre presente, y seguiría al cortejo hasta el cementerio de Greyfriars Kirkyard. Lugar donde descansarían los restos de John y donde además, en un acto de fidelidad extrema, Bobby pasaría el resto de los 14 años que le quedaban de vida montando guardia sobre la tumba de su fallecido amo. En un principio todos pensaban que Bobby permanecería solamente unos días sobre la tumba y que luego el hambre o el aburrimiento lo alejarían. No obstante, comenzarían a pasar los años e incluso los crudos inviernos de Escocia y Bobby permanecería fiel en su guardia. Solo se retiraba de vez en cuando para beber y conseguir comida, o cuando la nieve le impedía permanecer en el lugar. Con los años Bobby se fue transformando en una leyenda local y personas que admiraban su fidelidad comenzaron a alimentarlo y a suministrarle un refugio en el invierno. A tal punto creció esta fama que en 1867 el mismo Lord Provost de Edimburgo, Sir William Chambers, intervendría personalmente para salvar a Bobby de la perrera y además, para evitar futuros accidentes de este tipo, declararía al fiel can como propiedad del Consejo de la Ciudad. Bobby moriría sobre la tumba de su amo en 1872, y al no poder ser enterrado en el cementerio la gente del lugar se reuniría para construirle una fuente con una estatua en su honor no muy lejos del cementerio. Estatua que,  curiosamente, fue construida mirando hacia la tumba de John Gray. 

COLLIE-DEL CEMENTERIO LA PIEDAD EN ARGENTINA



  • Collie llegó a La Piedad hace unos cinco años, el mismo día en que sepultaron a su amo. Esa noche se quedó junto a la tumba y al día siguiente, cuando los familiares vinieron por él, no hubo forma de llevarlo. Hubo unos días de pausa y regresaron, en este caso con una soga.
    “Vino el hijo de la persona fallecida, intentó atraparlo con una soga pero el perro escapó hasta el fondo y no hubo manera de sacarlo de acá”, recuerda Lombardo, que lleva 30 años trabajando en el lugar y se ocupa personalmente de alimentar a Collie todas las mañanas, al igual que al resto de los perritos callejeros que eligieron el cementerio como residencia.
    Según el hombre, ese es el único momento del día en que Collie da muestras de afecto. Una vez concluido el desayuno, el perro se pierde durante horas, deambula o se recuesta en los alrededores de la que fuera la tumba de su amo.
    Pese a que incineraron a su dueño y eso lo desorientó, Collie siempre volvia y seguía yendo al lugar donde estuvo enterrado el resto del tiempo se quedaba cerca de las oficinas de entrada. en el cual vivió 9 años. este hermoso peludo uno de tantos ejemplos de fidelidad canina murió junto a la tumba de su amo el 24 de Enero del 2014.
      
Clara

Cementerio de Safed en Israel





El periódico israelí Maariv contaba en 2007 una historia particular. Una perra se negaba a abandonar la tumba de su dueño en el cementerio de Safed, al norte de Israel.

La perra que fue apodada Clara, por los empleados del cementerio, fue echada varias veces del lugar pero siempre regresaba a la tumba de su dueño Vladimir Yaronov que falleció en noviembre de 2007 a los 77 años.

La historia de la perra provocó que varios oyentes en un programa de radio donasen comida para ella por un año.


Cementerio Nerja, Málaga.



En marzo de 2009 un perro apareció en el cementerio de Nerja (Málaga) buscando a su dueño, un hombre de origen extranjero que falleció hace poco tiempo y que fue enterrado en el camposanto. El animal se instaló junto a la tumba del anciano con el que compartió los últimos años.
El canino se ha aprendido los horarios del cementerio y, aunque a veces salía, siempre volvía antes de que  cerraran para estar junto a su dueño.
Los vecinos  se  acostumbraron a su presencia y le llevaban agua y comida; con lo que al animal ganó peso con los días.
Lo que ninguno de los vecinos consiguió, a pesar de que varios lo intentaron, fue adoptarlo. El perro siempre volvía junto a la tumba de su amo.

FIDO  
BORGO SAN LORENZO, ITALIA


En un pueblito italiano a finales de la década de 1930 había un joven de nombre Luigi quien adoptó y crió un perrito mestizo bautizado “Fido”. Cada mañana Fido acompañaba a su amo a la estación de ferrocarril situada a unos 2 Km. del hogar.

El joven trabajaba en carpintería en una pequeña ciudad de la zona y para desplazase tenía que tomar el tren todas las mañanas, regresando a su pueblito a las 5.30 todas las tardes. Allí estaba Fido esperando a Luigi ,día tras día.

Después de expresar con brincos y ladridos la alegría del encuentro con su amo, Fido daba unas carreritas y saltaba en el monte todo contento, hasta llegar a casa. Esa rutina diaria fue interrumpida bruscamente cuando Luigi fue reclutado en el ejército y enviado al frente ruso en 1943. La interrupción fue para Luigi pero no para Fido quien ya no iba en las mañanas pero si se presentaba puntualmente todas las tardes en la estación del tren ,esperando el regreso de su querido amo.

Fido oía de lejos apenas perceptible, el ruido de la locomotora. Todo tenso y esperanzado veía al tren pararse en la estación. Entonces iba de vagón en vagón, moviendo su colita y husmeando las escaleritas y los pasajeros que bajaban para identificar alguna huella de su amo. El tren se marchaba y la gente también. Después de esperar un ratito mas, Fido, triste y abatido con la cabeza baja y la cola entre las piernas ,regresaba solitario a su casa donde los padres de Luigi aún albergaban una chispa de esperanza de volver a ver vivo a su hijo amado . . . Luigi nunca volvió. Fue una víctima mas de la Segunda Guerra Mundial que mató decenas de miles de seres, algunos pecadores y criminales pero la gran mayoría, inocentes.

Los meses y años pasaban. A principios de los 50, Fido tenía dificultades para desplazarse; no pudo escapar a los achaques de la vejez; tenía artritis. Sin embargo, Fido no perdía esperanzas. A pesar de los dolores para movilizarse y las fuerzas que mermaban cada vez mas, él seguía con su rutina convencido del regreso de su amo. El trecho de camino que hacía antes con ligereza en 15 minutos, tardaba ahora 2 horas, llegando a casa completamente agotado. Fué una tarde de invierno con fuerte viento y nevada. Fido dio sus últimos pasos sobre el blanco camino, se tambaleó y su noble corazón dejo de latir . . .

Al día siguiente encontraron su pobre cuerpecito congelado y cubierto de nieve. Todo el pueblo conocía a Fido, todos lo lloraron, todos lo vieron hacer sus caminatas infructuosas y sabían lo que Fido buscaba desesperadamente. No fue dificil convencer a esa gente modesta y buena, de colaborar con la erección de una estatua dedicada a la memoria de Fido, situada hoy en día al lado de la misma estación de ferrocarril que Fido visitaba a diario, día tras día por el resto de su vida. El epitafio: “Un ejemplo para todos los humanos de lo que es la máxima expresión del AMOR Y FIDELIDAD “.

CANELO - DE CIUDAD DE CADIZ



“Canelo” era el perro de un hombre que vivía en Cádiz a finales de los 80.Seguía a su dueño a todas partes y en todo momento. Este hombre anónimo vivía solo, por lo que el buen perro era su más leal amigo y único compañero.
En la puerta de La Residencia vivió 12 años un perro, “Canelo”. ¿Qué hacía allí?. Esperaba a su dueño, un gaditano, que doce años atrás (desde que el perro esta allí) acudía al centro sanitario a practicarse la Diálisis a diario, y en la puerta del hospital lo dejaba y le decía a su fiel compañero: “Espérame aquí, amigo mío”.

Cuando su enfermedad le obligó a ser ingresado en dicho centro, Canelo lo esperó en la puerta, pero el dueño no salió nunca del centro pues falleció. Desde entonces, Canelo se convirtió en la encarnación de la fidelidad canina, pues esperó durante doce años la salida de su amo. El caso de Canelo tuvo revuelo internacional ya que apareció en muchos periódicos y reportajes, incluso la BBC.
Allí, en esa puerta, acabó sus días nuestro héroe. El fiel “Canelo” se quedó en la puerta y no hubo forma humana de moverlo de allí. Mirando fijamente a todas las personas que salían esperando ver a su compañero, a su amigo, pero en vano, así durante 12 años, escribiendo la historia de amor, de amistad, de las más bonitas que se conocen entre un animal y un ser humano. No volvió a oír más sus palabras, no volvió a sentir nunca más sus caricias. Pero en su memoria quedó para siempre el: “Espérame aquí, compañero”. Y allí permaneció fiel, sin desmayo durante 12 largos años, muchos quisieron adoptarlo pero Canelo siempre escapaba de los hogares para regresaba a la puerta del hospital muriendo este  el 09 de diciembre del 2002 que atropellado.
Unos dos años después, por iniciativa de AGADEN, con el visto bueno del Ayuntamiento, la asociación protectora de animales y las federaciones de vecinos 5 de Abril y Cadice, se decidió darle su nombre a una calle peatonal que el animal frecuentaba. En el mismo callejón se colocó una placa de bronce con el torso en relieve del animal conmemorativa de este acto de fraternidad, fidelidad y amor entre hombre y animal.


HACHIKO




Hachiko, un perro de raza Akita inu nacido en 1923 en la ciudad japonesa de Odate. Sin embargo, menos de un año más tarde su dueño, un profesor de agricultura llamado Hidesamuro Ueno, lo llevaría hasta Tokio. Allí Hachiko se acostumbraría a su vida cosmopolita yendo todas las noches hasta la estación de trenes Shibuya para recibir a su dueño cuando éste llegaba del trabajo. Por desgracia Ueno fallece en 1925 y nunca es llevado nuevamente a su casa, por lo que Hachiko queda abandonado en las calles. No obstante, durante 11 años volvería fielmente todas las noches a la estación de trenes, exactamente a la hora en la que arribaba el tren que solía tomar Ueno. Una vez frenado el tren Hachiko buscaba a su amo cuidadosamente entre la multitud y luego se retiraba.
Al cabo de unos años un antiguo alumno de Ueno, que se encontraba realizando un censo de akitas, se enteraría de la historia, y publicaría varias notas con la historia del perro fiel. Una de estas notas aparecería en el más importante periódico de Tokio. Gracias a esto Hachiko ganaría fama a nivel nacional y varias historias y poemas se escribirían alrededor de él. Sin embargo, más importante aún, Hachiko salvaría a su raza ya que solo quedaban 30 akitas puros en todo el Japón, y a partir de ese momento la demanda hizo que se preservaran cuidadosamente. Hoy en día la población de Akitas supera los miles. Hachiko es además recordado con una estatua en la estación de Shibuya.




Esta es tan solo una de las muchas historias de lealtad, fidelidad y amor infinito que hablan sobre nuestros amigos peludos; recordemos siempre que todos ellos merecen ser honrados con nuestro amor, nuestro respeto y nuestros cuidados mientras permanezcan a nuestro lado.






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